En recuerdo de la salida de Egipto.
Lic. Rafael Winter (Rufo)
La historia del pueblo de Israel ha sido determinada por muchos acontecimientos, buenos y malos, alegres y tristes, todos ellos de señalada magnitud. Uno de los cuales -decisivo- Ietziat Mitzraim: la salida, el Éxodo de Egipto.
Antiguo acontecimiento, muy lejano ya en el tiempo. Pero no en nuestra memoria.
Nos marcó. Nos marcó para siempre.
En la memoria colectiva del pueblo judío quedó -y quedará- grabado por siempre, hasta la eternidad.
Zejer litziat Mitzraim. En recuerdo de la salida de Egipto.
Pero mucho tiempo antes de salir,»Avadim Hainu». Ya éramos esclavos. Y lo fuimos durante muchas generaciones. Hasta que finalmente, llegó la tan ansiada liberación.
Y ese largo período de esclavitud también nos marcó.
Tan es así que en la Mesa del Seder -la reunión familiar de la primera y segunda noche de Pesaj- los símbolos que nos recuerdan la esclavitud son tan numerosos -o casi- como aquellos que nos recuerdan la liberación.
La matzá, el pan ácimo, sin levadura -pan de la aflicción y pobreza también- nos recuerda la libertad. Pues cuando nuestros antepasados salieron de Egipto prepararon, en poco tiempo, la matzá y se la llevaron consigo.
Las cuatro copas de vino se relacionan a las cuatro expresiones de liberación que la Torá menciona.
Y hay otros símbolos que, en la noche del Seder, representan la libertad.
Pero también la esclavitud está simbolizada. Es el maror: las hierbas amargas que nos recuerdan la amargura de la esclavitud. Un vaso de agua salada simboliza las lágrimas que nuestros antepasados derramaron. Incluso el jaroset, de dulce sabor, es paradójico: su color nos recuerda el de los ladrillos que nuestros antepasados fabricaban en Egipto en aquellos tiempos.
Inevitablemente: para llegar a la libertad y valorarla tuvimos que pasar por la muy triste experiencia de la esclavitud.
Y así es la historia del pueblo judío. Ya a partir del Éxodo. Permanente combinación -o alternancia- de matzá y maror, alegrías y tristezas, liberación y opresión. O a la inversa.
Lo vemos incluso en la historia contemporánea.
La Shoá: el más amargo Maror de todos los tiempos -sí, el mas amargo- y al poco tiempo la matzá, liberación, que significó en su momento la creación del Estado de Israel.
Matzá y maror. Así es la historia del pueblo judío.
¿Y cómo sucedieron los hechos previos a la liberación y la liberación en sí misma? ¿Cómo fue todo el proceso? La Torá lo relata en su segundo libro, Shemot (Éxodo). Detalladamente.
Moshe (Moisés) -en primera instancia con la invalorable ayuda de su hermano Aarón- intenta, por la vía diplomática,»negociar» con el faraón la salida del pueblo hebreo.
«Dejad salir a mi pueblo», le pide -más bien exige- el gran líder Moshe al faraón.
Pero éste «endurece su corazón».
Y vienen las 10 plagas. El corazón del faraón continúa endurecido.
Finalmente el posterior cruce del Mar. Las aguas que se abren. Y el pueblo que, ahora sí, se libera completamente.
Para las fuentes y la tradición judía todo esto constituyó un milagro. O varios.
Teorías que los consideran como hechos naturales que pueden ser explicados a la luz de la ciencia -la plaga de los primogénitos es más difícil de explicar en ese sentido- son respetables.(a tales efectos vale la pena leer un libro,»Y la Biblia tenia razón» cuyo autor es Werner Keller). El intento de explicar dichos acontecimiento de manera racional es, a mi juicio, comprensible, loable, y no tiene por qué ir en detrimento de la fe.
En lo personal, considero que lo que le da la característica de milagro a un hecho no es necesariamente su esencia. Puede ser un fenómeno natural. ¿Por qué no? Considero que lo que le da la característica de milagro es el «cuando». Por más natural que el fenómeno sea. Si ocurre en el momento más imprevisto. Y necesario.
Si se encadenan, enlazan, una serie de acontecimientos posiblemente naturales pero imprevistos -y no siempre frecuentes- en el momento que alguien más lo necesita, si pasan cuando tienen que pasar, si suceden cuando es menester que sucedan, eso es lo que a mi juicio constituye el milagro.
¿Y quien o qué determina que ciertos o varios acontecimientos sucedan cuando alguien más lo necesita? Que el lector, si así lo desea, dé su respuesta. (Por supuesto que esto nos llevaría a una pregunta que excede los límites de este artículo: ¿por qué motivo, en otras circunstancias que vaya si también hubiésemos necesitado de milagros, los mismos no ocurrieron?).
Pesaj es, seguramente, la más familiar de las festividades judías. La familia reunida alrededor de la mesa durante la primera y segunda noche del Seder. Leyendo, cantando y explicando fragmentos de la Hagadá: pequeño-gran libro que nos narra acerca del Éxodo de Egipto.
Una mesa llena de símbolos.
Niños que preguntan.»¿En que se diferencia esta noche de las demás?».
Y muchas otras preguntas.
Valores que se trasmiten. Como el supremo de la libertad. Como el social.
En las noches del Seder «todo aquel que tenga hambre que venga y coma» junto a cada familia que le abre las puertas. Es un mandato. Así exhorta la Hagadá de Pesaj.
Y la tradición. La milenaria y siempre vigente tradición del pueblo de Israel. Comemos la matzá. Desde hace más de tres mil años. De una generación a otra. Y así será siempre.
«En cada generación cada uno debe verse a sí mismo como si él mismo hubiese salido de Egipto… y le contarás a tu hijo».
Tradición. Trasmisión. Contar.
No solamente de padres a hijos. También, en caso de ser posible, de abuelos a nietos.
Es imprescindible la tarea de los abuelos en ese sentido. ¡Hasta los 120 años!
Narrar. Todo aquel que -al decir de la Hagadá- relata la historia del Éxodo, es digno de elogio.
Pesaj es la festividad de la libertad.
En Pesaj, efectivamente, celebramos la libertad del pueblo de Israel acaecida en aquellos lejanos tiempos. De todas formas, la alegría aún no puede ser completa.
Tres mil años después del Éxodo, continúa habiendo esclavitud en el mundo, mas allá de que, a quienes viven bajo esa condición, no se les denomine «esclavos».
Continúa habiendo discriminación en sus más distintas formas. Y también opresión.
Anhelamos llegue el día en el que toda la humanidad reciba el mensaje de Pesaj. Significaría que, en tal caso, sería liberada de todas las formas de discriminación y opresión. Ese habrá de ser el Pesaj de la humanidad.
Jag sameaj!
Zejer Litziat Mitzraim
14/Abr/2014
Lic. Rafael Winter (Rufo)